La Pluma del Conocimiento | |||
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La historia de la religión desde la perspectiva bahá’í(*)Alessandro Bausani (**)
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Uno
de los términos de mayor uso en el ámbito islámico es murtadd,
termino con el que se designa al hombre o mujer que abandona el Islam para
abrazar una religión anterior como pueda ser el Judaísmo o el
Cristianismo. La ley musulmana (Sharí’ah)
se muestra extremadamente severa con tal clase de personas: ser murtadd
equivale a la muerte civil. El matrimonio de tal persona se disuelve automáticamente,
sin que medien divorcios u otras formalidades, quedando el cónyuge libre
para contraer matrimonio. Sin embargo, la situación del musulmán que se
convierte en bahá’í es bastante diferente. En este caso, el bahá’í
acepta a Muhammad como Profeta de Dios (Resúl’ulláh),
pero también cree que después de Muhammad han existido otras dos grandes
Manifestaciones de Dios. Los
seres humanos no pueden vivir sin leyes divinas. Es verdad que los bahá’ís
consideran a la Manifestación de Dios como una “manifestación” (mazhar)
de la Esencia de Dios, un concepto enfáticamente rechazado por el Islam,
al menos por el Islam Sunní. No obstante, desde el punto de vista bahá’í
tales Manifestaciones no son consideradas como el Cristo cristiano, en
quien la Esencia de Dios desciende mediante la llamada hulúl
(“encarnación”). A este respecto Bahá’u’lláh es muy claro en
los Siete Valles (especialmente en el “Valle de la Unidad”). Allá
donde otros escritores han expresado puntos de vista extremadamente panteístas,
Bahá’u’lláh declara: “Empero,
que nadie interprete estas declaraciones como antropomorfismos, ni vea en
ellas el descenso de los mundos de Dios a los niveles de las criaturas;
como tampoco deberían llevar a Vuestra Eminencia a tales suposiciones.
Porque, en Su Esencia, Dios está santificado por encima del ascenso o
descenso, de entrada o salida; por toda la eternidad Él ha esto -y lo
seguirá estando- libre de los atributos de las criaturas humanas. Ningún
hombre le conoció jamás ni alma alguna ha encontrado la senda hacia Su
Ser. Todo
conocedor místico ha vagado, perdido, por el valle de Su conocimiento;
todo santo ha perdido su camino buscando comprender Su Esencia.
Santificado es Él por encima de la comprensión del sabio; exaltado es Él
por encima del conocimiento del erudito.” 1 Y
en otro lugar Bahá’u’lláh asevera: “Ya
hemos asignado, en las páginas precedentes, dos posiciones a cada una de
las Lumbreras que surgen de las Auroras de santidad eterna. Una de esas
posiciones, la de unidad esencial, ya la hemos explicado. “No hacemos
diferencia entre ninguno de ellos”. La otra posición es la de distinción
y pertenece al mundo de la creación y a sus limitaciones. Respecto a
esto, cada Manifestación de Dios tiene una individualidad distinta, una
misión definitivamente señalada, una Revelación predestinada y
limitaciones especialmente designadas. Cada una de ellas es conocida por
un nombre diferente y se caracteriza por un atributo especial, cumple una
Misión definida y le es confiada una Revelación particular. Tal como Él
dice: “Hemos hecho que algunos de los Apóstoles aventajen a los demás.
A unos Dios les ha hablado; a otros los ha elevado exaltándolos. Y a Jesús,
Hijo de María, Le dimos signos manifiestos y Le fortalecimos con el Espíritu
Santo”. Es por causa de esta diferencia en posición y misión por lo
que parecen divergir y diferir las palabras y expresiones que fluyen de
esos Manantiales del conocimiento divino. Por lo demás, a los ojos de
quienes están iniciados en los misterios de la sabiduría divina, todo lo
que ellos han pronunciado es en realidad la expresión de una sola Verdad.
Como la mayoría de la gente no ha percibido esas posiciones a que Nos
hemos referido, se siente por tanto perpleja y consternada ante las
variadas palabras que han pronunciado Manifestaciones que, en esencia, son
una y la misma. Ha
sido siempre evidente que todas estas divergencias en las palabras deben
atribuirse a diferencias de posición. Así, desde el punto de vista de su
unicidad y sublime desprendimiento, han sido y son aplicables a esas
Esencias del ser los atributos de Deidad, Divinidad, Suprema Singularidad
e íntima Esencia, ya que todas habitan en el trono de la Revelación
divina y están establecidas en la sede de la divina Ocultación. Mediante
su aparición se manifiesta la Revelación de Dios, y por su semblante se
revela la Belleza de Dios. Es así como se han oído las palabras de Dios
mismo, pronunciadas por esas Manifestaciones del Ser divino. Y a la luz de
la segunda posición, que es la posición de la distinción y diferenciación,
de las limitaciones, características y normas temporales, manifiestan
ellos servidumbre absoluta, máxima pobreza y completo olvido de sí
mismos. Tal como Él dice: “Soy el siervo de Dios. No soy más que un
hombre como vosotros.” A
partir de estas aseveraciones incontestables y plenamente demostradas,
esfuérzate por entender el significado de las preguntas que has
formulado, para que llegues a ser constante en la Fe de Dios y no te
desanimes por las divergencias en las palabras de Sus Profetas y Elegidos. Si
alguna de las Manifestaciones de Dios, que todo lo abarcan, declarase: “¡Yo
soy Dios!”, diría ciertamente la verdad, y no cabría duda de ello. Ya
que repetidamente se ha demostrado que mediante su Revelación, sus
atributos y nombres se manifiestan en el mundo de la Revelación de Dios
Su nombre y Sus atributos. Así, Él ha revelado: “¡Aquellos dardos
eran de Dios, no Tuyos!” También dice: “En verdad, quienes Te
prometieron fidelidad, realmente la prometieron a Dios”. Y si alguno de
ellos pronunciase: “Soy el Mensajero de Dios”, también diría la
verdad, la indudable verdad. Tal como Él dice: “No es Muhammad padre de
ningún hombre entre vosotros, sino que es el Mensajero de Dios”. A la
luz de esto se ve que todos ellos no son más que Mensajeros de ese Rey
ideal, de esa Esencia inmutable. Si todos proclamasen “Soy el Sello de
los Profetas”, expresarían sólo la verdad sin la más leve sombra de
duda. Pues todos ellos no son más que una persona, un alma, un espíritu,
un ser, una revelación. Son todos la manifestación del “Principio” y
el “Fin”, el “Primero” y el “Último”, el “Visible” y el
“Oculto”, atributos todos que pertenecen a Aquel Que es el más íntimo
Espíritu de los Espíritus y la eterna Esencia de las Esencias. Y si
dijesen: “Somos los siervos de Dios”, éste también es un hecho
manifiesto e indiscutible. Puesto que se han manifestado en condición de
total servidumbre, servidumbre como ésa no podrá ningún hombre
alcanzar. De este modo, en momentos en que esas Esencias del ser estaban
sumergidas en los océanos de santidad antigua y sempiterna, o cuando se
remontaban a las más elevadas cimas de los misterios divinos, sostenían
que sus palabras eran la Voz de la divinidad, el Llamado de Dios mismo. Si
se abriera el ojo del discernimiento, reconocería que ellos hasta en ese
estado se consideran del todo extinguidos e inexistentes ante Quien es el
Que Todo lo Penetra, el Incorruptible. Me parece que han estimado que no
son absolutamente nada, juzgando su mención en esa Corte como un acto de
blasfemia. Pues el más leve susurro del yo es, en tal Corte, una prueba
de afirmación de sí mismo y de existencia independiente. A los ojos de
quienes han llegado a esa Corte, semejante insinuación es por sí misma
una grave transgresión. Cuánto más grave aún sería, si otra cosa se
mencionara ante esa Presencia, si el corazón del hombre, su lengua, su
mente o su alma se ocuparan con otro que no sea el Bienamado, si sus ojos
contemplaran otro semblante que no fuese Su belleza, si su oído escuchase
otra melodía que no fuese Su voz y sus pies hollasen otro camino que no
fuera Su camino. En
este día sopla la brisa de Dios y Su espíritu lo ha llenado todo. Tal es
la efusión de Su gracia, que la pluma se detiene y la lengua enmudece. En
virtud de esta posición, han sostenido que es suya la Voz de la Divinidad
y apelativos semejantes, en tanto que, en virtud de su posición de
Mensajeros, se han declarado a sí mismos los Mensajeros de Dios. En cada
caso han expresado lo que está en conformidad con los requerimientos de
la ocasión, atribuyéndose a Sí mismos todas estas declaraciones, las
cuales se extienden del reino de la Revelación divina hasta el reino de
la creación, y desde el dominio de la Divinidad hasta el dominio de la
existencia terrenal. De este modo, cualesquiera que sean sus palabras, ya
pertenezcan al reino de la Divinidad, Señorío, Posición Profética,
Posición de Mensajero, Guardianía, Apostolado o Servidumbre, todo es
cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo tanto, debe considerarse con
mucha atención lo que hemos citado en apoyo de Nuestro argumento, para
que las palabras divergentes de las Manifestaciones del Invisible y
Auroras de la Santidad no agiten el alma ni dejen perpleja la mente.” 2 Por
supuesto, Bahá’u’lláh suele referirse a menudo a su religión
materna, el Islam, de la que se deriva la Fe Bahá’í (tal y como el
Cristianismo se deriva del Judaísmo). Bahá’u’lláh menciona específicamente
el Cristianismo y la religión musulmana es su famoso libro Kitáb-i-Iqán
(El Libro de la Certeza). De ahí que lo citemos ampliamente en el
presente trabajo. Las
ideas escatológicas del Qur’án son mencionadas directamente por Bahá’u’lláh
como anticipación de su propias revelación. Muchos bahá’ís me
preguntan acerca de “conocidas” profecías sobre Bahá’u’lláh
contenidas en el Qur’án. A menudo suelo decir que no existen
predicciones transparentes en el Qur’án con relación a Bahá’u’lláh,
lo que crea cierta confusión en las personas que plantean la pregunta.
Pero lo que deseo expresar con ello es que todas las partes del Qur’án relativas al final del mundo, el sá’a
(la Hora del Juicio Final), el naba’al-‘azím
(el Gran Anuncio del Juicio Final) y similares, tienen como finalidad señalar
la nueva dispensación de Bahá’u’lláh. De hecho, en el Qur’án,
tal y como procure demostrar en un articulo publicado en 1956, 3 la idea del sá’a o
Juicio Final se halla mezclada con la idea de la victoria final de la
nueva dispensación del Profeta Muhammad frente a los kuffár o infieles de su época. Por ejemplo, en el Qur’án
encontramos a Dios en conversación con Moisés en el primer encuentro de
la zarza ardiente, hecho ocurrido en una época históricamente muy
distante de ya no del Juicio Final sino de la época del propio Muhammad.
En ese pasaje Dios se dirige a Moisés diciéndole: “La Hora llega”
(inna’s-sá’ata átiyatun (Qur’án 20:15). 4
Resulta
curioso que la importancia de este pasaje haya pasado inadvertida a los
interpretes. El dilema es claro: o bien la “Hora” significa el Juicio
Final, en cuyo caso Muhammad pone en boca de Dios un absurdo, pues bien
sabía que desde su dispensación a la de Moisés habían transcurrido
varias generaciones, y que desde la suya al Juicio Final aun habían de
transcurrir muchas más, o bien la “Hora” significa la victoria del
nuevo Profeta (Moisés mismo) y el juicio de los incrédulos. Son
numerosos los casos en que el termino “Hora” o expresiones similares
mencionadas en el Qur’án hacen referencia a acontecimientos presentados
o percibidos como si fueran “cercanos”. Examinaremos algunos pasajes
en cuestión. En el Qur’án 32:28, generalmente atribuido a la primera
época del tercer período mequí, los infieles preguntan al Profeta: “¿Cuándo
tendrá lugar esta conquista (fath),
si sois verídicos?”. 5 La pregunta guarda claramente un sentido escatológico. Sin
embargo, fath parece ser
utilizada en otros pasajes en un sentido netamente militar. En Qur’án
8:19, revelado en Medina, la fath (decisión victoriosa) es la batalla de
Badr; en Qur’án 61:13, la famosa expresión nasrun
mina’lláhi wa fathun qaríb (“el auxilo de Dios y un éxito
cercano”) parece aludir una victoria militar prometida por el Profeta
(la conquista de Medina), si bien de manera harto interesante. En efecto,
la expresión se repite en los versos precedentes donde Dios habla de los
jardines del Paraíso con una mezcla inextricable de elementos materiales
y trascendentes. En el versículo
tardío del Qur’án 4:141, se hace uso de fath
en un sentido más bien terreno: se trata de una victoria militar. En
Qur’án 7:10, e incluso de manera más clara en Qur’án 110:1, fath
significa la conquista de la Meca. En Qur’án 40:77, perteneciente al
tercer período mequí, se dice: ¡Perseverad,
pues, en vuestra paciencia! Y que la Promesa de Dios es verdadera, y ya
sea te mostremos (en esta vida) algo de lo que Les prometimos, o bien
llamemos vuestra alma (hacia nuestra Bondad antes de ello), (en todo caso,
todos) retornaran hacia Nos! 6 Hay
que precisar que la expresión la “Promesa de Dios” se refiere
claramente a los acontecimientos militares de la época de Muhammad. En
Qur’án 42:17, Dios dice: “(…) y “¿qué os hará comprender que
acaso la Hora esta próxima?” El versículo muestra que Muhammad poseía
gran sentido de la cercanía de la Hora, pero en un versículo ligeramente
más tardío que el anterior, Dios dice: A
cada pueblo (umma) <ha sido enviado> un rásul (mensajero divino), y
cuando su rásul llega, el asunto será tratado entre ellos con justicia,
y no serán tratados injustamente (qudiya
baynahum bi’l-qisti wa-hum lá yuzlamúna). Ahora
bien, expresiones como ésta (“el asunto será tratado con justicia”)
se encuentran frecuentemente en pasajes que versan sobre el Juicio Final;
esa Hora claramente se refiere al juicio profético,
la venida del Profeta, en un autentico final, si no del mundo, de un mundo.
Quienes no creen en el Profeta están condenados; los creyentes se
encuentran entre los salvados. El Profeta es al mismo tiempo la distinción
(furqán) y la salvación. Vale
anotar que el moderno comentador sin Yusuf ‘Alí procura evadir la
dificultad: “Si ese Mensajero fuese rechazado o pasado por alto, o su
Mensaje fuera retorcido o mal empleado, el Día de las cuentas llegara,
cuando se hará justicia perfecta y la verdad toda será revelada”. 7 Aceptar nuestra interpretación más directa habría significado
en su caso aceptar tendencias demasiado similares a las que algunas veces
han sido tildadas en las obras islámicas de expresiones ghulúw
(exageración mística). El Qur’án esta lleno de materiales simbólicos, al contrario de los que suelen pensar los intérpretes sunníes, quienes consideran que todos los versículos mutashábih que aparecen en el Qur’án son tentaciones. Por ejemplo, en Qur’án 7:53: ¿Esperan
a que (el Qur’án) sea interpretado (ta’wíl)? Pero el día en que la
interpretación llegue, ellos…dirán… (sigue una escena escatológica).
De
esta manera, de acuerdo con la Escritura, llegado el fin del mundo (es
decir, el fin de la era de Muhammad), tendrá lugar la interpretación
simbólica del Qur’án. Todo
el fin del mundo está ligado a la aparición de un Libro Sagrado. En
Qur’án 13:38 se dice: “Hemos enviado apóstoles antes de vosotros, y
les hemos designado mujeres e hijos, y nunca fue cometido de apóstol
alguno mostrar señal alguna excepto con el consentimiento de Dios. Para
cada final de un período hay un Libro (li-kulli ajalin kitábun)”. Quienes
rechazan la acepción ajal por
final de un ciclo profético, término fijo de una vida, o final de una
umma (sentido éste claramente marcado en pasajes paralelos), se ven
obligados a afirmar que el pasaje resulta incomprensible, o bien no tienen
más remedio que forzar el sentido obvio de ajal.
En realidad, La
única explicación es que Muhammad entendía que la venida del Profeta al
final de la umma que le precedió
constituía al mismo tiempo un juicio de esa misma umma.
Vale
la pena señalar que ya en Medina, Muhammad continuo hablando de la
inminencia de la Hora como si se tratara de una victoria terrestre ganada
por ese mismo y decidido Profeta sobre los no creyentes de la época. En
un sura antiguo revelado en Medina (Qur’án 47:18), Dios dice: Entonces
¿aguardan a la Hora que habrá de venir a ellos de repente? Mas
ya han llegado algunos signos (ashrát) de ello, y cuando les llega, ¿cómo
pueden sacar provecho de su advertencia? Por
tanto, parece como si la “Hora” fuese concebida como un acontecimiento
que habían de presenciarlos interlocutores de Muhammad, los descreídos
que habían sido testigos de las señales (ashrát), esto es, las primeras
victorias obtenidas por Muhammad, quien después de la hégira es ya el
arbitro virtual de la ciudad (Medina). No obstante, unas pocas líneas
antes Dios habla de los ríos de leche y miel del Paraíso. No hay duda
_por lo menos en lo que a mí respecta- de que en la mente del Profeta el
concepto de juicio escatológico (Paraíso o Infierno) ha debido de estar
íntimamente unido a las visiones de las victorias sugeridas por los
triunfos militares y políticos de su carrera triunfal. El comentario
ortodoxo de Yusuf ‘Alí parece confirmar de hecho tal interpretación.
En un versículo tardío mediní, Qur’án 33:63, Dios habla de la
proximidad de la Hora: Los
hombres te preguntan sobre la Hora. Di: El conocimiento de ella queda con
Dios (solamente). ¿Y que te hará comprender a ti? Quizás la Hora se
aproxima. Resulta
significativo que en el mismo sura, Qur’án 33:22, encontramos más
pruebas del valor simbólico de las imágenes escatológicas: Cuando
los creyentes vieron a las fuerzas de la coalición (al-ahzáb), dijeron:
“Esto es lo que Dios y Su Apóstol nos han prometido (má
wa’adaná ‘lláhu wa rasúluhu), y Dios y Su Apóstol dicen la
verdad”. ¡Y esto no hizo sino incrementar su fe y celo en la
obediencia! Ahora
bien, las expresiones “Esto es lo que Dios y Su Apóstol nos han
prometido” (o amenazado) o “la Promesa de Dios”, suelen aplicarse
frecuentemente a los acontecimientos del Juicio. No obstante, es un hecho
que en este versículo más tardío la llegada de la destrucción de los
Confederados es vivida por los creyentes como si tratase como si tratase
del cumplimiento de la “promesa”. Una
vez que esta interpretación es aceptada, resulta posible explicar de
manera satisfactoria otros puntos controvertidos del texto sagrado. Así,
el famoso pasaje del Qur’án 43:61 (del mismo periodo mequí) donde se
dice de Jesús: “Wa-innahu la-‘ilmun li’s-sá’ati; fa-lá tamtarunna bihá
wa’ttabi’úni”, que planteo ciertas dificultades a los antiguos
comentaristas, se resuelve fácilmente. Yusuf ‘Alí lo traduce: “Y
(Jesús) será la Señal (de la llegada de) la Hora del Juicio); por
tanto, no albergues dudas (acerca de la Hora), sino sígueme”. Sin
embargo, lo que el texto significa es: “Y en verdad, Él (Jesús) es una
señal de la Hora: Por tanto, no dudes y sígueme (como tu nuevo
Profeta)”. La
dificultad del citado pasaje estriba en que mientras los orientalistas están
de acuerdo en considerar que las leyendas islámicas sobre la venida de
Jesús al final del mundo son tardías y postcoránicas, parece que en
este versículo del propio Qur’án se encuentra una clara alusión a
ello: Jesús es “una Segunda Señal de la Hora”, esto es, una
prefiguración de la Hora (del Juicio) cuando Él vendrá por segunda vez
al mundo, dará muerte al dajjál
“Anticristo), etc. Los comentaristas ortodoxos interpretan el pasaje de
esta manera. Pero todo ello
esta basado en la interpretación del sá’a como final del mundo físico;
mientras que, por mi parte, creo que para Muhammad el término designa el
final de la dispensación cristiana, del mundo cristiano. Solo si se
acepta esta interpretación, se resuelve y restablece claramente la conexión
lógica entre las dos oraciones “Jesús es una señal de la Hora” y
“por tanto (fa), no dudes y sígueme”. Esta visión escatológica clarifica la
relación entre la Fe Bahá’í y otras religiones, incluyendo al
Cristianismo y el Judaísmo. Por lo que respecta al Cristianismo, permítaseme
que cite de nuevo El Kitáb-i-Iqán: Éstas
son las melodías cantadas por Jesús, Hijo de María, con tonos de
majestuosa fuerza en el Ridván del Evangelio, las cuales revelan los
signos que deben anunciar el advenimiento de la próxima Manifestación.
En el primer Evangelio según Mateo está escrito: “Y cuando preguntaron
a Jesús sobre los signos de Su venida, Él les dijo: ‘En seguida, después
de la opresión18 de aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no
dará su luz, y caerán las estrellas del cielo, y los poderes de la
tierra se conmoverán. Entonces aparecerá el signo del Hijo del hombre en
el cielo, y se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo
del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y
enviará sus ángeles con resonante trompeta’”. Vertido a la lengua
persa, el sentido de estas palabras es el siguiente: Cuando ocurra la
opresión y las aflicciones que han de sobrevenir a la humanidad, entonces
no dará el sol su resplandor, ni la luna su luz; caerán sobre la tierra
las estrellas del cielo y se estremecerán los pilares de la tierra. En
ese tiempo los signos del Hijo del hombre aparecerán en el cielo, es
decir, cuando estos signos hayan aparecido, la Belleza prometida y Esencia
de la vida surgirá en el mundo visible procedente del reino de lo
invisible. Y Él dice: en ese tiempo todos los pueblos y razas que habitan
la tierra se quejarán y lamentarán, y verán a aquella divina Belleza
venir del cielo cabalgando sobre las nubes con poder, grandeza y
magnificencia, y enviando a Sus ángeles con resonante trompeta. De forma
similar, las mismas expresiones se encuentran en los tres Evangelios
restantes según Lucas, Marcos y Juan. Ya que Nos hemos referido a ellas
extensamente en Nuestras Tablas reveladas en lengua árabe, no las hemos
mencionado en estas páginas, limitándonos sólo a una referencia. Por
cuanto los sacerdotes cristianos no han comprendido el significado de
estas palabras, no reconocieron su objeto y propósito, y se han aferrado
a la interpretación literal de las palabras de Jesús, por lo tanto se
han privado de la abundante gracia de la Revelación de Muhammad y de sus
copiosas dádivas. Los ignorantes de entre la comunidad cristiana,
siguiendo el ejemplo de los jefes de su fe, se privaron igualmente de ver
la belleza del Rey de gloria, por cuanto los signos que habían de acompañar
el amanecer del sol de la Dispensación de Muhammad, de hecho no se
cumplieron. Así han pasado edades y han transcurrido siglos, y aquel purísimo
Espíritu ha regresado a los retiros de su antigua soberanía. Una vez más
el Espíritu eterno ha soplado en la trompeta mística, haciendo salir a
los muertos de sus sepulcros de negligencia y error hacia el reino de guía
y gracia. Y, sin embargo, aquella comunidad expectante aún exclama: ¿Cuándo
acontecerán estas cosas? ¿Cuándo se manifestará el Prometido, el
objeto de nuestra esperanza, para que nos levantemos por el triunfo de Su
Causa, para que sacrifiquemos nuestros bienes por Él, para que ofrezcamos
nuestras vidas en Su sendero? De igual modo, tales falsas imaginaciones
han hecho que otras comunidades se aparten del Kawthar de la infinita
misericordia de la Providencia, y estén ocupados en sus propios vanos
pensamientos. 8 Otra
idea ortodoxa musulmana es que ha habido una “perversión” de las
sagradas escrituras del pasado. En su denuncia de ciertos sacerdotes
musulmanes, Bahá’u’lláh dice: Gran
Dios! Estos sacerdotes, que aún dudan y disputan sobre los puntos oscuros
de la teología de su fe a pesar de que aceptan la verdad de esta tradición,
pretenden ser los intérpretes de las sutilezas de la ley de Dios y los
expositores de los misterios esenciales de Su santa Palabra. Afirman
confiadamente que aquellas tradiciones que indican la venida del Qá’im
esperado aún no se han cumplido, en tanto que ellos mismos no han logrado
percibir la fragancia del significado de esas tradiciones y todavía
ignoran el hecho de que se han cumplido todos los signos predichos, que se
ha revelado el camino de la santa Causa de Dios y, que el concurso de los
fieles, veloz como el relámpago, pasa ahora mismo por ese camino,
mientras que esos necios sacerdotes aún esperan presenciar los signos
predichos. Di: ¡Oh necios! ¡Esperad, como esperan aquellos anteriores a
vosotros! Si
fueran interrogados acerca de aquellos signos que necesariamente deben
anunciar la revelación y ascenso del sol de la Dispensación mahometana,
a los cuales ya Nos hemos referido, de los cuales ninguno se ha cumplido
literalmente, y si se les dijera: “¿Por qué habéis rechazado las
demandas hechas por los cristianos y los pueblos de otras creencias, y les
consideráis infieles?”, no sabiendo qué respuesta dar, contestarían:
“Estos Libros han sido corrompidos y no son de Dios, ni lo han sido
nunca”. Reflexiona, las mismas palabras de los versículos testifican
elocuentemente el hecho de que son de Dios. También se ha revelado un
versículo semejante en el Qur’án, ¡si fuerais de aquellos que
comprenden! Verdaderamente digo que durante todo este período no han
logrado comprender lo que significa viciar el texto. Ciertamente,
en los escritos y palabras de los Espejos que reflejan el sol de la
Dispensación mahometana, se ha mencionado: “Modificación hecha por los
seres exaltados” y “alteración hecha por los desdeñosos”. Sin
embargo, tales pasajes se refieren sólo a casos especiales (…) Verdaderamente,
“alterar” el texto no quiere decir lo que esas almas abyectas y necias
se han imaginado, como es el caso de algunos que sostienen que los
sacerdotes judíos y cristianos han borrado del Libro los versículos que
ensalzan y magnifican la faz de Muhammad y en su lugar han insertado lo
contrario. ¡Cuán enteramente vanas y falsas son estas palabras! ¿Puede
un hombre que cree en un libro, y lo juzga inspirado por Dios, mutilarlo?
Por otra parte, el Pentateuco se había difundido por toda la superficie
de la Tierra y no estaba confinado a La Meca y a Medina como para que
pudieran secretamente corromper y alterar su texto. Más bien, por
corrupción del texto se quiere significar aquello en lo que hoy día se
afanan todos los sacerdotes musulmanes, a saber, la interpretación del
santo Libro de Dios de acuerdo con sus ociosas imaginaciones y vanos
deseos. Y como los judíos, en tiempo de Muhammad, interpretaron aquellos
versículos del Pentateuco referentes a Su Manifestación según su propia
fantasía, y rehusaron estar conformes con Su santa palabra, fue por eso
pronunciada contra ellos la acusación de “alterar” el texto. Del
mismo modo, es claro cómo en este día el pueblo del Qur’án ha
pervertido el texto del Libro Sagrado de Dios, por lo que respecta a los
signos de la Manifestación esperada, interpretándolo de acuerdo con sus
deseos e inclinaciones (…) También
hemos oído a varios de los necios de la tierra afirmar que el texto auténtico
del Evangelio celestial no existe entre los cristianos, que ha ascendido
al cielo. ¡Cuán penosamente han errado! ¡Cuán inconscientes son de que
tal declaración imputa la más grave injusticia y tiranía a una benévola
y amorosa Providencia! ¿Cómo podía Dios, después que el Sol de la
belleza de Jesús había desaparecido de la vista de Su pueblo y ascendido
al cuarto cielo, hacer que desapareciera también Su santo Libro, Su más
gran testimonio entre Sus criaturas? ¿Qué le hubiera quedado a ese
pueblo para asirse desde la puesta del sol de Jesús hasta la salida del
sol de la Dispensación de Muhammad? ¿Qué ley pudiera ser su sostén y
guía? ¿Cómo podría hacerse a tales hombres víctimas de la ira
vengadora de Dios, el Vengador omnipotente? ¿Cómo podría afligírseles
con el azote del castigo del Rey celestial? Y, sobre todo, ¿cómo podría
detenerse el flujo de la gracia del Todomunífico? ¿Cómo podría
calmarse el océano de Su tierna misericordia? ¡Nos refugiamos junto a
Dios, a resguardo de lo que Sus criaturas han imaginado de Él! ¡Exaltado
es Él sobre su comprensión! 9 Por
lo que respecta a otras religiones, tales ideas escatológicas bahá’ís
también son aplicables. Permítaseme que relate una experiencia personal.
En cierta ocasión conocí a un nativo australiano llamado “Tío
Fred”, el último sobreviviente de la tribu australiana de los Mining.
Me contó el caso de un misionero cristiano que había intentado cambiar
sus creencias y costumbres tradicionales con palabras como éstas:
“Debes saber que Cristo es tu salvador personal. Te exhorta a que seas
modesto y, por tanto, a que vistas adecuadamente”. En cambio, el pionero
bahá’í le dijo: “Vamos a estudiar juntos tu antigua religión”. Y
luego, tras haberse enterado por el Tío Fred de su creencia en el fin del
mundo, cuando el océano desaparecería y todas las islas se unirían bajo
una misma ley traída por dos personajes, etc., el bahá’í le dijo:
“Sí, tienes toda la razón. Estos dos personajes son el Báb y Bahá’u’lláh,
y lo que has mencionado de manera simbólica significa que el mundo estará
unido por una sola ley: la ley bahá’í”. Esta
es la forma en que la Fe Bahá’í entronca con la religión
“antigua”, una forma histórica y escatológica. A decir verdad, para
los bahá’ís, todas las religiones son verdaderas, porque la Fe Bahá’í
revalida e incorpora las verdades de todas las formas pasadas de religión.
A diferencia de todo movimiento del pasado de carácter humanístico o
sincretista, la Fe Bahá’í sostiene que todas las religiones encuentran
su consumación en una forma nueva: la Fe Bahá’í. No
es de sorprender, pues, que ‘Abdu’l-Bahá, hijo del Fundador de la Fe
Bahá’í, y su interprete, llegase a pronunciar esta maravillosa oración
para toda la humanidad, con la que concluyo: ¡Oh
Tú, bondadoso Señor! Tú has creado a toda la humanidad de un mismo
origen. Tú has decretado que todos pertenezcan a un mismo hogar. En tu
sagrada presencia todos ellos son tus siervos y toda la humanidad se
cobija bajo tu tabernáculo; todos se han reunido en tu mesa de
munificencia; todos están iluminados por la luz de tu providencia. ¡Oh
Dios! Tú eres bondadoso con todos, Tú has provisto para todos, das asilo
a todos, confieres vida a todos. Tú has dotado a todos y a cada uno con
talento y facultades y todos están sumergidos en el océano de tu
misericordia. ¡Oh
Tú, bondadoso Señor! Une a todos. Haz que las religiones concuerden, haz
de las naciones una sola, a fin de que puedan verse unas a otras como una
sola familia y a toda la humanidad como un solo hogar. Que se asocien en
perfecta armonía. ¡Oh
Dios! Levanta el estandarte de unidad de la humanidad. ¡Oh
Dios! Establece la Paz Más Grande. Une
Tú, Oh Dios, los corazones unos con otros. ¡Oh
Tú, Padre bondadoso, Dios! Regocija nuestros corazones con la fragancia
de tu amor. Ilumina nuestros ojos con la luz de tu guía. Alegra nuestros
oídos con la melodía de tu Palabra y ampáranos a todos en el refugio de
tu providencia. Tú
eres el Poderoso y el Fuerte. Tú eres el que perdona y Tú eres el único
que tolera las negligencias de la humanidad. 10
NOTAS: (*) Traducción: Miguel Gil Santesteban. 1.
Bahá’u’lláh, Los Siete Valles,
Terrassa, Editorial Bahá’í, 1974, p. 31. 2.
Bahá’u’lláh,
El Kitáb-I-Iqán, Libro de la
Certeza, Buenos Aires, EBILA, 1971, pp. 110-114. 3.
Alessandro Bausani. “Postille a Corano II, 284; XXXIX, 23, 15.” Studi
Orientalistici in onore di G. Levi Della Vida (Roma; 1965) 1:32-51. 4.
The Holy Qur’án: Traslation and Commentary, A. Yusuf Alí, 2° ed. (no
consta lugar de edición: American Trust Publications, 1977), 497, n.
1439. <Citamos por la versión de Julio Cortés, Barcelona, Herder,
1992. N. del T.> 5.
Citamos por la versión de Juan Vernet, Barcelona, Plaza y Janés, 1980.
<N. del T.> 6.
(Nuestra versión castellana está basada en la versión del propio
Bausani, cuyos matices no aparecen debidamente recogidos en ninguna de las
versiones castellanas existentes. <N. del T.>) 7.
The
Holy Qur’án: Traslation and Commentary, A. Yusuf Alí, 2° ed. (no
consta lugar de edición: American Trust Publications, 1977), 497, n.
1439. 8.
Bahá’u’lláh, El Kitáb-i-Iqán,
pp.21-23. 9.
Ibídem, pp. 55-59. 10. ‘Abdu’l-Bahá, Oraciones Bahá’ís, Terrassa, Editorial Bahá’í, 1979, p. 122.
(**) Alessandro Bausani (1921-1988). Fue Profesor emérito y Director de la Escuela de los estudios orientales y del Instituto de estudios islámicos de la Universidad de Roma "La Sapienza"; miembro de la Academia nacional "Lincei". Publicó diversos ensayos y artículos dentro de estos círculos académicos y culturales. Es muy conocido por su libro “Religion in Iran - From Zoroaster to Baha'ullah”. Tradujo el Corán al italiano, así como los poemas místicos de “Rumi”. Tuvo una personalidad multifacético. Su especialidad era la lingüística y estudió muchos idiomas, pero también hizo investigaciones en astronomía y matemáticas. El Dr. Bausani obtuvo varios honores y nombramientos de las autoridades de muchos diversos países, incluyendo uno del Gobierno de Paquistán en 1967: el Sitara-Imtiyaz, un honor cultural dado raramente a los extranjeros, le fue concedido por su trabajo en promover la extensión de la lengua y de la cultura de Urdu. Fue director de la publicación trimestral italiana Opinioni Bahá'í desde su fundación. Fue miembro de las Asambleas Espirituales Nacionales Bahá’ís de Italia y Suiza. http://library.bahai.org/sc/bau1.html http://w3.uniroma1.it/studiorientali/archivio/sc_orientale.htm
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