La Pluma del Conocimiento |
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RESPUESTAS A ALGUNAS PREGUNTAS La Deidad sólo puede ser comprendida a través de las Manifestaciones Divinas(*)‘Abdu’l-Bahá (**) |
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PREGUNTA: ¿Cuál
es la relación entre la Realidad de la Deidad, y los Horizontes Señoriales,
los Divinos Puntos de Amanecer? RESPUESTA: Has
de saber que la Realidad de la Deidad o la sustancia de la Esencia de la
Unidad es santidad pura y beatitud absoluta, es decir, está santificada
y se encuentra más allá de toda alabanza. La totalidad de los
atributos supremos de los grados de la existencia, comparados con este
plano, no son sino imaginaciones. Dicha realidad es invisible,
incomprensible, inaccesible; constituye una esencia que no cabe
describir, pues la Esencia Divina abarca todas las cosas.
Verdaderamente, lo abarcante es más grande que lo abarcado, y lo
abarcado no puede abrazar a lo que lo abarca, ni comprender su realidad.
Por mucho que la mente progrese, aunque alcance la cima de la comprensión
y el límite del entendimiento, tan sólo ha de llegar a contemplar los
signos y atributos divinos del mundo de la creación, no los del mundo
divino. Pues la esencia y los atributos del Señor de la Unidad ocupan
la cima de la santidad. No hay manera de que las mentes y la comprensión
sean capaces de aproximarse a esa posición. "El camino está
vedado, y la búsqueda, prohibida". Es evidente que
el entendimiento humano es una propiedad de la existencia humana, y que
el hombre es un signo de Dios. ¿Cómo puede la cualidad del signo
abarcar al creador de éste? Esto es ¿cómo puede el entendimiento, que
es una cualidad de la existencia humana, comprender a Dios? Por tanto,
la Realidad de la Deidad está oculta a toda comprensión, y velada a la
mente de todos los hombres. Es absolutamente imposible ascender a ese
plano. Comprobamos que
todo lo que es inferior se revela impotente para comprender la realidad
de lo que es más elevado. Así, la piedra, la tierra y el árbol, por más
que evolucionen, no pueden comprender la realidad del hombre, ni entra
en ellos el imaginar los poderes de la vista, oído y demás sentidos,
si bien todos ellos son igualmente creados. Por tanto ¿cómo puede el
hombre, ser creado, comprender la realidad de la Esencia pura del
Creador? Ese plano es inalcanzable para el entendimiento. No hay
explicación que lo haga comprensible, ni poder que lo señale. ¿Qué
tiene que ver un átomo de polvo con el mundo de la pureza, y qué
relación cabe entre la mente limitada y el mundo infinito? Las mentes
se ven impotentes para comprender a Dios, y las almas se confunden al
pretender desentrañarle. "Los ojos no Le ven, mas Él ve a los
ojos. Él es el Omnisciente, el Conocedor."[1] Por
consiguiente, con respecto a ese plano del ser toda aseveración y toda
elucidación resultan deficientes, toda alabanza y toda descripción son
impropias, toda concepción es vana, y toda meditación, inútil. No
obstante, esta Esencia de las esencias, esta Verdad de las verdades,
este Misterio de los misterios, posee reflejos, auroras, apariencias y
esplendores en el mundo de la existencia. El levante de tales
esplendores, el lugar de tales reflejos y la aparición de tales
manifestaciones son los Sagrados Puntos de Amanecer, las Realidades
Universales y los Seres Divinos, quienes son los verdaderos espejos de
la santificada Esencia de Dios. Todas las perfecciones, mercedes y
esplendores que provienen de Dios se tornan visibles y manifiestos en la
Realidad de las Santas Manifestaciones, tal como el sol resplandece en
un limpio y bruñido espejo, con todas sus perfecciones y sus gracias.
Si se dijera que los espejos son las manifestaciones del sol y los
puntos de amanecer del astro naciente, ello no significaría que el sol
haya descendido desde las alturas de su santidad, ni que haya venido a
alojarse en el espejo, ni que la Realidad Ilimitada esté circunscrita a
este plano de manifestación ¡Dios no lo permita! Ese es el creer de
los antropomorfistas. Antes bien, todas las alabanzas, descripciones y
expresiones de exaltación que se refieran a las Santas Manifestaciones,
es decir, todas las descripciones, cualidades, nombres y atributos
mencionados por nosotros corresponden a las Divinas Manifestaciones.
Mas, puesto que nadie ha alcanzado la realidad de la Esencia de la
Deidad, tampoco nadie es capaz de describirla, explicarla, alabarla o
glorificarla. Así pues, todo lo que la realidad humana conoce, descubre
y comprende en materia de nombres, atributos y perfecciones de Dios, se
refiere a las Santas Manifestaciones. No hay entrada a nada más:
"El camino está vedado, y la búsqueda, prohibida". Sin embargo, solemos hablar de los nombres y atributos de la Realidad Divina, glorificando a Dios y atribuyéndole vista, oído, poder, vida y conocimiento. Confirmamos esos nombres y atributos, no para dar prueba de las perfecciones de Dios, sino para negar que puedan existir en Él imperfecciones. Al contemplar el mundo existente, vemos que la ignorancia es imperfección y el conocimiento es perfección. De ahí que digamos que la Esencia santificada de Dios es sabiduría. La debilidad es imperfección, y el poder es perfección. Consecuentemente, decimos que la Esencia santificada de Dios es la cima del poder. No es que podamos comprender su sabiduría, su visión, su poder o su vida, algo que sobrepasa nuestra comprensión. Pues los nombres y atributos esenciales de Dios son idénticos a su Esencia, y su Esencia está por encima de toda comprensión. Si los atributos no fueran idénticos a la Esencia, necesariamente habría también una multiplicidad de preexistencias, y existirían diferencias entre los atributos y la Esencia; y como la preexistencia es inevitable, entonces, la sucesión de preexistencias sería infinita. Todo lo cual es un error palpable. Por
consiguiente, todos estos atributos, nombres, loas y alabanzas se
aplican a los Puntos de Manifestación. Fuera de ello, cuanto pensemos y
conjeturemos es mera imaginación, ya que no podemos aspirar a
comprender lo que es invisible e inaccesible. Por ello se ha dicho:
"Todo lo que habéis discernido por medio de la ilusión de vuestra
imaginación en vuestras sutiles imágenes mentales, no es sino una
creación como vosotros mismos, y a vosotros revertirá".[2]
Es evidente que si deseamos imaginar la Realidad de la Deidad, esta
imaginación constituye el contenido, y nosotros el continente.
Asimismo, es indudable que el continente es mayor que el contenido. De
ello se desprende clara y evidentemente que si concebimos una Realidad
Divina fuera de las Santas Manifestaciones, el resultado es pura
imaginación, pues no existe medio de allegarse a la Realidad de la
Deidad que no nos esté vedado. En ese sentido, todo cuanto nos
imaginemos es mera suposición. Según eso,
repara en cómo los diferentes pueblos del mundo dan vueltas alrededor
de sus imaginaciones, venerando los ídolos de sus ideas y conjeturas.
No son conscientes de ello. Creen que sus imaginaciones son la Realidad,
esa Realidad que está alejada de toda comprensión y purificada de toda
descripción. Se consideran a sí mismos como el pueblo de la Unidad, y
a los demás como adoradores de ídolos; pero los ídolos cuentan con
cierta existencia, aunque sólo sea mineral, en tanto que los ídolos de
las ideas y de las imaginaciones de los hombres no son sino fantasías,
carentes siquiera de consistencia pétrea. "Cuidaos, oh vosotros
que estáis dotados de discernimiento". Has de saber
que los atributos de perfección, el esplendor de las divinas
generosidades y las luces de la inspiración son visibles y evidentes en
todas las Santas Manifestaciones. Con todo, la Gloriosa Palabra de Dios
-Cristo- y el Más Gran Nombre -Bahá'u'lláh- constituyen
manifestaciones y pruebas en sí mismas más allá de toda imaginación,
pues poseyeron todas las perfecciones de las Manifestaciones anteriores.
Más aún, poseyeron ciertas perfecciones en virtud de las cuales otras
Manifestaciones mostraron dependencia. Todos los Profetas de Israel
fueron centros de inspiración, como también lo fue Cristo, mas ¡qué
diferencia entre la inspiración del Verbo de Dios y las revelaciones de
Isaías, Jeremías y Elías! Piensa que la luz es la expresión de las vibraciones de la materia etérea. Los nervios del ojo se ven afectados por esas vibraciones, y así se produce la visión. La luz de la lámpara existe a través de la vibración de la materia etérea. Igual sucede con el sol, mas ¡qué diferencia entre la luz del sol, y la luz de las estrellas, o la de la lámpara! El espíritu
del hombre aparece y se manifiesta en la condición de embrión y por
supuesto en la de la niñez. Al llegar a la madurez la persona surge
esplendorosa y diáfana en su condición más lograda. El espíritu es
uno, pero en la condición embrionaria, las facultades de la vista y el
oído se hallan ausentes. En cambio, durante la madurez se muestran con
el mayor brillo y esplendor. De igual modo, la semilla comienza por
echar hojas, y así es como se manifiesta el espíritu vegetal. En el
estado de fruto el mismo espíritu se hace patente con la mayor perfección,
mas ¡qué diferencia entre la condición de las hojas y la del fruto!
Pues del fruto surgen un centenar de miles de hojas, si bien todas ellas
crecen y se desarrollan por medio del mismo espíritu vegetal. Observa
la diferencia entre las virtudes y perfecciones de Cristo, el esplendor
y la brillantez de Bahá'u'lláh, y las virtudes de los Profetas de
Israel, tales como Ezequiel o Samuel. Todos fueron manifestaciones de
inspiración, pero entre ellos existe una diferencia infinita. ¡Enhorabuena!
NOTAS: (*) El presente texto ha sido extraído de la obra "Contestación a unas Preguntas" editada por Laura Clifford Barney de Editorial BAHA’I. 4ta. Edición Revisada. Buenos Aires, 1972. [1]
116 Cf. Corán 6:103. [2]
117 De un hadíth (tradición musulmana).
(**) Abdú´l-Bahá (1844-1921), hijo mayor del Fundador de la Fe Bahá'í (Bahá'ú'lláh). Autor de las obras "Filosofía Divina", "Fundamentos de Unidad Mundial", "Secreto de la Civilización Divina", "Respuestas a algunas preguntas", entre otras. |
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