La Pluma del Conocimiento |
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Reflexiones sobre la vida y la muerteMario León (*) |
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El Amado Maestro[1] dice que el hombre tiene un poder divino para comprender tanto la verdad como el significado de cosas invisibles. Haremos honor a ese poder y reflexionaremos sobre la vida y la muerte. No podemos hablar de la vida sin hacer referencia a la muerte. Pareciera como que ambos caminaran de mano. La muerte es el destino final de todo ser viviente. Para morir sólo hay que estar vivo. Unas personas no desean hablar de la muerte, sino de la vida. Que se debe hablar de la muerte cuando estemos cerca de la vejez, con la cual, inevitablemente vendrá la muerte. Pero, si de algo tenemos que estar seguros en esta vida es de que vamos a morir. Las Enseñanzas Bahá'ís nos aconsejan que cada día nos pidamos cuentas a nosotros mismos antes que la muerte nos sorprenda. EL TEMOR INJUSTIFICADO
A LA MUERTE El hombre en verdad, teme a la muerte, más por ignorancia que por otra cosa. Sería bueno que cuando aun tengamos salud y mente lúcida pensáramos en la muerte y en la vida después de ella. Se cuenta que ciertos pueblos antiguos consideraban a la muerte una "maldición". Recordaremos el caso de aquel pueblo que cuando una persona moría, marcaban la casa y no permitían que nadie la ocupara. A los deudos se les obligaba a vestirse de manera que se les identificara fácilmente. Eran desterrados y condenados a vivir lejos del centro poblado. Cuando caminaban de noche, debían hacer uso de un palo o bastón para anunciar su presencia, para evitar el encuentro con alguien que caminase cerca o por el mismo camino. Si por descuido del "maldito" se producía el encuentro, éste podía pagar su descuido hasta con su propia vida. Otros la consideraban un castigo divino. ´Cuestionaban a Dios, ¿por qué... a mí? Cuentan de una mujer que anduvo con el cadáver de su hijo a cuestas buscando a alguien que supiera devolverle la vida, hasta que llegó ante un hombre sabio, quien le dijo que su hijo volvería a vivir si le hicieran beber agua de una casa donde nadie haya muerto. La mujer buscó por todo el pueblo y no encontró una en que no hubiera habido un caso de muerte. Hasta que por fin volvió ante el sabio para decirle que eran más los muertos que los vivos y que aceptaba la muerte de su hijo. El Amado Maestro dijo que la muerte como se la concibe por ignorancia, en verdad habría que temerla. LA IMAGINARIA VIDA
DESPUES DE LA MUERTE Algunos pueblos antiguos creyeron que la vida después de ésta era la misma pero en otro lugar. El cadáver era cubierto con la mejor indumentaria, con joyas, utensilios de trabajo como de cocina, víveres que los iba a necesitar en la “otra vida”. El drama descrito por el poeta italiano Dante en su "Divina Comedia" es la creencia del catolicismo. Un canal de televisión brasileño exhibió una novela con esta creencia, los "buenos" al paraíso y los "malos" al infierno. Las personas fallecían y pasaban al paraíso con vestimentas blancas y se paseaban en exquisitas praderas, gozando de las suaves brisas, quienes eran parejas hacían vida de parejas. En cambio en el infierno había brasas ardientes en forma permanente, donde los castigados sufrían de calor, sed y quemaduras por el tiempo que duraba su condena. Hace poco un ex presidente del País falleció. Entre algunos recuerdos que la prensa revivió mostraron que el señor había firmado una esquela que pegada en un ramo de rosas fue enviada a la tumba de su esposa que hacía un año había fallecido. La esquela terminaba con un "Espérame" (fulano) firmaba. Preguntamos: "Espérame, como en un aeropuerto? ¿Estación de buses o de trenes? Cuando el personaje fue enterrado la prensa decía “ya el Presidente descansa en paz, junto a su esposa”. ¿Juntos en ...alma o en cuerpo? ¿Qué descansa en paz, el alma o el cuerpo? LA MUERTE, LA
LIBERADORA DEL ALMA Sabemos que mientras estamos viviendo en este mundo hacemos uso de las dos naturalezas con que contamos. Hasta que morimos y las dos naturalezas se separan una de la otra. El alma, la supernaturaleza se separa del cuerpo y retorna a su fuente de origen. El cuerpo sin alma, es decir el cadáver también vuelve a la fuente de su origen: la tierra. A propósito de la separación del alma del cuerpo, alguien envió su pregunta a la Casa Universal de Justicia, que cuánto demoraba el alma en separarse del cuerpo. La Casa de Justicia respondió que en los Escritos Bahá'ís no decía cuánto. El cuerpo en la tierra se hace tierra o polvo. Se cumple la sentencia “De polvo eres y en polvo te convertirás”. En un diario capitalino hace algún tiempo salió publicada una noticia: “El alma pesa 200 gramos”. Un moribundo fue hospitalizado un día. En la noche falleció. Al día siguiente el cadáver fue pesado. Pesaba 200 gramos menos que cuando el enfermo ingresó. Conclusión del reportero: El alma pesa 200 gramos. El Amado Maestro explicó que el alma no se encontraba dentro del cuerpo. Comparó la relación que hay entre el alma y el cuerpo con la relación que hay entre el sol y el espejo. Si no hay luz, el espejo no funciona. El objetivo de la presencia del alma en el cuerpo es lograr perfeccionamiento. La duración de este perfeccionamiento se llama vida. El alma a veces, no logra su objetivo debido a los malos frutos del hombre o cuerpo. Los frutos del hombre son sus actos. En la Oración para un Funeral dice: “Oh mi Dios. Tu Depósito ha vuelto a Ti.” Parece que el Traductor del inglés al castellano no encontró otra palabra que Depósito pensando en un término bancario. El depósito que puede ser dinero o valores no son del Banco sino del cliente que le deja en calidad de depósito para que lo cuide, lo proteja y lo haga crecer. Así el alma, depósito de Dios, no pertenece al hombre. El hombre la tiene en calidad de “Depósito”. Cuando el hombre muere Dios “rescata” Su Depósito.
NOTA: [1] Hace referencia a ‘Abdu’l-Bahá.
(*) Profesor. Escritor y Poeta. Miembro de la Comunidad Bahá'í de Puno, Perú. E-mail: |
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