La Pluma del Conocimiento

 
 

 

La búsqueda de la santidad

Walter Velásquez (*)


 

Alguien preguntó cierta vez  a  'Abdu'l –Bahá:

¿Porque los santos eran santos?

Él respondió:

"Porque ellos estaban radiantes

cuando era difícil estar radiante,

paciente,

cuando era difícil ser paciente

y porque ellos continuaron

cuando querían parar

y silenciaron

cuando querían hablar

y fueron armoniosos

cuando querían ser discordantes.

Esto era todo.

Era bien simple y siempre será."

Ahora cabe preguntarnos ¿es fácil ser santo?, cada uno tiene la respuesta, pero no podemos negar que es un reto emocionante y a la vez  necesario si queremos transformar y mejorar el mundo.

“El mejoramiento del mundo puede ser logrado por medio de hechos puros y hermosos, por medio de una conducta loable y correcta”.[i]

Durante toda la historia de la humanidad, el hombre siempre ha buscado llegar a la  santidad, y ha seguido muchos caminos, entre los cuales tenemos a aquellos que se aislaron del mundo y se alejaron de todo para desarrollar solos la santidad, viviendo en las montañas, en cuevas o en los bosques. Pero, ¿es posible desarrollar la santidad aislándose del mundo?, dejemos que ‘Abdu´l-Bahá nos oriente  al respecto:

“Algunas de las criaturas de la existencia pueden vivir aisladas y solas. Un árbol, por ejemplo, puede vivir sin ayuda y cooperación de los otros árboles. Algunos animales son solitarios y llevan una existencia separada de los miembros de su clase. Pero esto es imposible para el hombre. En su vida y existencia la cooperación y la asociación son esenciales. Mediante la asociación y la reunión encontramos felicidad y desarrollo, tanto colectivo como individual”.[ii]

…El hombre ahora ha de imbuirse con nuevas virtudes y poderes, nuevas pautas morales, nuevas capacidades.  …Los dones y bendiciones del periodo de juventud, aunque apropiados y suficientes durante la adolescencia de la humanidad, ahora son incapaces de satisfacer los requerimientos de su madurez.”[iii]

Desarrollar la santidad es quizás la etapa más alta de desarrollo espiritual en un ser humano y ese desarrollo sólo puede lograrse viviendo en una comunidad, como nos dice ‘Abdu’l-Bahá en la cita anterior.

También tenemos ejemplos de aquellos santos del pasado que se desprendieron de todo y se dedicaron a servir a sus semejantes.

Cabe preguntarnos ¿Es necesario buscar la santidad en esta época? o como dicen muchos ¿los santos son para el pasado?

Es necesario encontrar respuestas a muchas preguntas  para las que el hombre nunca encontró una respuesta satisfactoria; por ejemplo ¿Qué es el hombre?

“El hombre es el talismán supremo. Sin embargo, la falta de una educación adecuada le ha privado de aquello que inherentemente posee. Por una sola palabra procedente de la boca de Dios, fue llamado a existir; por una palabra más, fue guiado a reconocer la fuente de su educación; por otra palabra aún, su posición y destino fueron asegurados”.[iv]

También  nos preguntamos ¿Cuál es nuestra posición y cuál es nuestro destino?

Son interrogantes difíciles de responder, pero sigamos acudiendo a los Escritos Sagrados:

“Habiendo creado el mundo y todo lo que en él vive y se mueve, Él, por  intermedio de la acción directa de su irrestringida y soberana Voluntad, escogió conferirle al hombre la singular distinción y capacidad de conocerle y amarle, una capacidad que debe necesariamente ser considerada el impulso generador y el objetivo primordial que sostiene la creación entera... Sobre la más íntima realidad de cada cosa creada, Él ha derramado la luz de uno de Sus nombres y la ha hecho un recipiente de la gloria de Sus atributos. Sobre la realidad del hombre, sin embargo, Él ha concentrado el esplendor de todos Sus nombres y atributos y ha hecho a ésta un espejo  de Su propio ser. De todas las cosas creadas sólo el hombre ha sido escogido para recibir tan grande favor y tan perdurable generosidad”.[v]

Ahora, cabe preguntarnos ¿Por qué el hombre fue escogido para recibir tan grande favor? y ¿Qué debemos hacer entonces?

“...No descanséis, no busquéis reposo, no estéis apegados a las lujurias de este mundo efímero, libraos de todo apego, y esforzaos con corazón y alma para estableceros completamente en el Reino de Dios. Ganad tesoros celestiales. Día tras día sed más iluminados. Acercaos más y más al umbral de la  unidad”.[vi]

Y es más:

“Es decir, tiene que reducir a nada todo lo visto, oído o entendido para poder así entrar al reino del  espíritu, que es la Ciudad de Dios. Es necesario el esfuerzo, si hemos de buscarlo; necesario es el fervor, si hemos de gustar la miel de la reunión con Él; y si  probásemos de esta copa, desecharíamos el mundo”.[vii]

¿No creen que todo lo estudiado hasta ahora nos hace ver que es nuestro deber desarrollar la santidad?

Ahora bien, para tener un mejor entendimiento de porque debemos buscar la santidad, es necesario conocer cual es nuestra identidad, es decir quienes somos. Nuevamente, recurrimos a 'Abdu'l-Bahá

“En el hombre existen dos naturalezas: su naturaleza espiritual y su naturaleza inferior o material.  Por medio de la una se acerca a Dios, y con la otra vive para el mundo solamente.  Signos de estas dos naturalezas se encuentran en los hombres.  En su aspecto material demuestra falsedad, crueldad, injusticia; todas estas son consecuencias de su naturaleza inferior.  Los atributos de su naturaleza divina se demuestran en amor, misericordia, bondad, verdad y justicia, uno y todas son la expresión de su naturaleza superior.  Todos los buenos hábitos, todas las buenas cualidades pertenecen a la naturaleza espiritual del hombre.  Mientras que todas sus imperfecciones y acciones pecaminosas nacen de su naturaleza material.  Si la naturaleza divina del hombre domina su naturaleza humana, entonces tenemos un Santo.”[viii]

Queda claro que para lograr la santidad, tenemos que desarrollar nuestra naturaleza superior o espiritual de tal manera que domine nuestra naturaleza inferior.

Nuevamente recurrimos a la Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá y encontramos que:

“El hombre tiene el poder de cometer buenas y malas acciones; si su poder para lo bueno predomina y sus inclinaciones al mal son vencidas, entonces el hombre puede llamarse santo. Pero si por el contrario, desprecia las cosas de Dios y permite que sus malas pasiones lo dominen, entonces no será mejor que cualquier animal”.[ix]

Ahora bien, ¿cómo empezar esta búsqueda?, sigamos recurriendo a los Escritos Sagrados para tratar de encontrar respuestas y guías que nos  ayuden en nuestro propósito:

“La Veracidad es la base de todas la virtudes humanas”[x] 

Entonces vemos que lo primero que debemos desarrollar es la veracidad,  pero eso no es todo, ahí empezamos el camino.

Sigamos recurriendo a los Escritos Sagrados y veamos  que  condiciones necesitamos en nuestra búsqueda de la santidad

 “Palabras santas y acciones puras y buenas ascienden al cielo de gloria divina” [xi]

¿Cómo debe ser nuestro lenguaje entonces?, ¿Cómo sería un lenguaje santo? y ¿Qué debe caracterizar nuestras acciones?

Nuestro viaje en la búsqueda de la santidad es largo y nos veremos enfrentados a muchas dificultades que debemos superar. La codicia y el egoísmo son dos pruebas  que hay que vencer, ¿Cómo hacerlo?

“El desprendimiento es igual al sol, en cualquier corazón donde brilla, apaga el fuego de la codicia y del egoísmo. Aquel cuya vista está iluminada con la luz de la comprensión seguramente que se desprenderá del mundo y de sus vanidades... No dejes que el mundo y su maldad te hieran. Feliz aquel cuyas riquezas no lo llenan de vanidad, ni la pobreza de dolor”.[xii]

La murmuración es otra prueba que nos acecha a cada instante y hay que tener mucho cuidado pues viene disfrazada de muchas formas. En Palabras Ocultas, Bahá’u’lláh nos da un camino:

“¡Oh Compañero de Mi Trono! No escuches la maldad, ni mires la maldad; no te rebajes, no suspires ni te lamentes. No digas nada malo para que eso mismo no llegue a tus oídos; no agrandes las faltas de los demás, para que tus propias faltas no sean agrandadas; no desees la humillación de nadie, para que no sea expuesta tu propia humillación . Vive entonces los días de tu vida, que no son más que un momento efímero, con mente inmaculada, corazón sin mancha, pensamientos puros y carácter santificado, para que libre y contento te desprendas de este cuerpo terrenal, y te encamines hacia el paraíso místico, y habites para siempre en el reino inmortal”.[xiii]

En nuestra búsqueda de la santidad, debemos estar dispuestos a llegar al sacrificio, por ello la necesidad de fortalecernos constantemente en el amor a Dios.

Nuevamente  ‘Abdu’l-Bahá nos sigue guiando en nuestra búsqueda:

“O sea, el hombre debe hacerse evanescente en Dios.  Debe olvidarse de sus propias condiciones egoístas para poder elevarse a la posición de sacrificio.  Debe ser a tal grado que si duerme, no debe ser por placer sino para descansar el cuerpo para funcionar mejor, hablar mejor, explicar con más belleza, servir a los siervos de Dios y probar las verdades.  Mientras permanece despierto, debe buscar ser atento, servir la Causa de Dios y sacrificar su propia posición por la de Dios.  Cuando alcance esta posición, las confirmaciones del Espíritu Santo con seguridad le llegará, y el hombre con este poder puede resistir a todos los que habitan la tierra.” [xiv]

“Hasta que un ser no asiente su pie en el llano del sacrificio, se hallará privado de todo favor y de toda gracia; y este llano del sacrificio es el dominio de la muerte del yo, para que el resplandor del Dios viviente pueda entonces fulgurar”.[xv]

En todo momento de nuestra búsqueda tenemos la bendición de conversar con nuestro creador, entonces nunca estaremos  solos. ‘Abdu’l-Bahá nos dice:

“Nada hay más dulce en el mundo de la existencia que la oración. El hombre debe vivir en un estado de oración. La condición más bendita es la condición de oración y súplica. La oración significa conversar con Dios. La mayor realización o el estado más dulce no es otro que la conversación con Dios. Esta crea espiritualidad, crea atención y sentimientos espirituales, produce nuevas atracciones del Reino y engendra las susceptibilidades de una inteligencia superior”. [xvi]

La siguiente oración de ‘Abdu’l-Bahá puede acompañarmos durante nuestra búsqueda

“¡Oh Señor! Soy débil, fortaléceme con tu poder y tu potencia.  Mi lengua vacila, permíteme expresar tu conmemoración y alabanza.  Soy humilde, hónrame admitiéndome en tu reino.  Estoy alejado, haz que me acerque al umbral de tu misericordia.” [xvii]

Ahora que vamos encontrando el camino de la santidad, ¿Qué debemos hacer?

Nuevamente ‘Abdu’l-Bahá nos da la respuesta

“Espero, de las bondades del Exaltado, el Vivificador de las almas, que no descanses ni un momento sino que palpites constantemente como la pulsación de una arteria en el cuerpo del mundo, para infundir el espíritu de vida en las almas y hacer que la gente se eleve al cenit del Reino.” [xviii]

Es evidente que tenemos una gran  responsabilidad por delante; por ello en todo momento debemos recordar y tener como ejemplo a nuestro amado Maestro y que su maravillosa vida nos ilumine:

“Seguid los pasos de 'Abdu'l-Bahá y, en el sendero de la Belleza de Abhá, anhelad ofrendar vuestra vida en todo momento.  Resplandeced como el sol, sed incansables como el mar; al igual que las nubes del cielo, derramad vida sobre campos y colinas y, como los vientos de abril, insuflad el frescor a través de esos árboles humanos y haced que florezcan.”[xix]

Estoy seguro que el estudio realizado ha despertado en nosotros el deseo de iniciar la búsqueda de la santidad, por ello los invito a formar “la nueva raza de hombres”, forjadores de una nueva civilización, que con la confianza en la Asistencia Divina empecemos la transformación personal y lleguemos a plasmar en la realidad la frase de ‘Abdu’l-Bahá  “de átomos a soles” , ayudando a la humanidad a acercarse un paso más al umbral de la civilización de  Bahá’u’lláh, a través de nuestro ejemplo y la promoción de la Palabra de Dios.

Quiero despedirme con la siguiente pregunta:

¿Es nuestro deber buscar la santidad?

 


NOTAS:

[i] Bahá’u’lláh, El Advenimiento de la Justicia Divina, Shoghi Efendi, p. 40

[ii] ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, p. 40

[iii] Shoghi Effendi

[iv] Bahá’u’lláh, Pasajes CXXII p. 172-173

[v] Bahá’u’lláh, Pasajes XXVII p. 42

[vi] ‘Abdu’l-Bahá, Tablas del Plan Divino, p 56-57

[vii] Bahá’u’lláh, Los Siete Valles y Los Cuatro Valles, Valle de la Búsqueda.

[viii] ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ...

[ix] ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de  ‘Abdu’l-Bahá, p. 65

[x] Bahá’u’lláh, El Advenimiento de la Justicia Divina, Shoghi Efendi, p. 41

[xi] Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas N° 69 (Persa)

[xii] El Divino Arte de Vivir, p. 81      

[xiii] Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas N° 44 (persa)

[xiv] Tablas de Abdu'l-Bahá Abbás, vol.  2, pág.  460.

[xv] ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos, N° 36  p 77

[xvi]  ‘Abdu’l-Bahá, citado en Libro 1 de Ruhi p. 25

[xvii] 'Abdu'l-Bahá. Oraciones Bahá'ís, Editorial Bahá'í España, pág.  173.

[xviii] Tablas de Abdu'l-Bahá Abbás, vol.  3, pág.  727.

[xix] Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá, pág.  248.

 

 


(*) Profesor de Educación Secundaria. Miembro de la Comunidad Bahá'í de Lima.


 

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